Episodio #190 – Anillos de Poder

En este episodio tuvimos la presencia de 2 invitados especiales: Leo Bracco y Diego Coco, ambos argentinos y que recientemente trabajan en Edge, la empresa donde también está Rolando. Y como es tradición, arrancamos con la pregunta del día: ¿cuál es tu habilidad más inútil? Entre dedos que se doblan demasiado, silbidos, piedras que rebotan sobre el agua, números de teléfonos fijos memorizados y pescadores sin peces grandes, terminamos preguntándonos si una habilidad realmente desaparece o simplemente espera el momento de volver a ser útil. De ahí saltamos al guaraní, a los recuerdos familiares y a cómo una lengua que algunos consideraban poco práctica hoy recupera valor como parte de nuestra identidad.

La conversación inevitablemente llegó a la inteligencia artificial y a la posibilidad de que programar se convierta en otra de esas habilidades reservadas para unos pocos. Los asistentes permiten trabajar más rápido y resolver cosas que antes llevaban mucho tiempo, pero también pueden volvernos cómodos: primero dejamos de calcular una diferencia de seis segundos, después dejamos de revisar el código y finalmente ya no sabemos qué pedir ni cómo saber si la respuesta está bien. La herramienta nos hace más poderosos, siempre que no entreguemos con ella nuestra capacidad de pensar, abstraer y corregir.

Leo nos contó cómo pasó de diseñar edificios y centros de datos a trabajar con AWS cuando el cloud todavía era una apuesta difícil de explicar en Latinoamérica. Uno de sus primeros grandes desafíos fue llevar transmisiones deportivas en vivo desde las canchas hacia Internet usando cámaras conectadas por 4G, RTMP e infraestructura en la nube. La red, las regiones y las herramientas todavía estaban verdes, pero aquella experiencia terminó convirtiéndose en una escuela acelerada sobre infraestructura, crecimiento y la capacidad de Amazon para aprender, sistematizar y replicar.

Después de varios meses colaborando como asesor, Leo decidió involucrarse directamente en Edge y asumir como CEO, mientras Rolando deja ese cargo para concentrarse en otras funciones dentro de la compañía. El objetivo de esta nueva etapa es hacer que una empresa con muchos años, clientes y equipos pueda crecer de una manera más sistemática. Eso implica procesos, métricas, una operación capaz de escalar y, sobre todo, entender que la empresa no es una sola persona: es el equipo que permanece, aprende y atraviesa junto las tormentas.

Diego Coco también se sumó al desafío, al frente del área comercial de Edge. Él define su trabajo así: el comercial funciona como una API entre el negocio y la tecnología. Tiene que entender la necesidad del cliente, traducirla para el equipo técnico y saber lo suficiente como para responder casi todas las preguntas sin vender humo. En un mundo lleno de bots, respuestas automáticas y correos escritos por modelos, hablar con una persona que entiende el problema y se hace responsable vuelve a tener un valor especial.

La idea de Paraguay como futuro hub tecnológico dividió rápidamente la mesa. A favor aparecen un sistema impositivo claro, menor burocracia, una población joven, cercanía cultural con otros mercados latinoamericanos y empresas capaces de formar equipos sólidos. Del otro lado están las carencias de infraestructura, educación, salud, conectividad, cultura de procesos y políticas públicas de largo plazo. La oportunidad puede ser real, pero no ocurre automáticamente por tener impuestos bajos: también exige inversión, instituciones y decisiones que sobrevivan al gobierno de turno.

Un pequeño paréntesis sobre Peter Thiel terminó, como corresponde, convirtiéndose en un tema entero. Hablamos de Palantir, de la protesta de varios Gandalf frente a su casa en Argentina y de la mezcla de tecnología, geopolítica y poder que rodea sus proyectos. También aparecieron los magnates que compran propiedades, construyen búnkeres y se preparan para sobrevivir al eventual colapso de la civilización. La discusión de fondo no fue solamente qué quiere hacer Thiel en la región, sino qué deberían exigir nuestros países cuando una figura con semejante poder tecnológico y político decide instalarse cerca.

Cerramos discutiendo cámaras, reconocimiento facial, identidad digital y la enorme cantidad de información que podrían administrar las empresas y los gobiernos. Bien utilizada, una identidad digital integrada podría simplificar trámites, mejorar la atención médica y ofrecer servicios públicos mucho más útiles. Mal utilizada, se convierte en una infraestructura de vigilancia de la que resulta casi imposible escapar. El problema no es solamente quién guarda los datos, sino qué reglas existen, quién controla a quien los controla y cómo se protege a las personas incluso frente al propio Estado.

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